Hace un par de semanas escribía sobre la grave situación que vivía la Segunda División B por culpa de los numerosos impagos a futbolistas. A los pocos días, la AFE se descolgaba convocando una huelga para las dos primeras jornadas de Liga por culpa del mismo asunto, aunque centrándose sólo en la problemática de los jugadores de Primera y Segunda. El detonante fue la decisión unilateral de la LFP de crear un fondo de garantía salarial para casos de impago derivados de situaciones de concurso, un fondo insuficiente a juicio del sindicato (se garantizaban sueldos futuros por valor de 40 millones cuando las deudas ya existentes se acercan a los 50) y que genera unas lógicas dudas sobre su viabilidad al ser constituido por esos mismos clubes que sistemáticamente se muestran incapaces de pagar las nóminas. Además, esa decisión unilateral se tomó en medio de la negociación por el nuevo convenio colectivo, lo que fue interpretado por la AFE casi como una declaración de guerra.
Mucho se ha hablado y escrito sobre el asunto, y también sobre las consecuencias del aplazamiento de al menos una jornada liguera (que quizás sean dos) en temporada de Eurocopa. El problema que denuncian los jugadores es real y está claro que todo se deriva de una flagrante mala gestión en demasiados clubes, pero no hay unanimidad a la hora de buscar culpables. Los directivos aparecen en todas las listas, cierto, pero también hay quien se pregunta qué grado de responsabilidad tienen los propios jugadores y sus representantes al aceptar ciertos contratos aun a sabiendas de la situación por la que atraviesan los clubes; y no faltan tampoco ni alusiones a una supuesta dejadez política por el valor opiáceo del fútbol sobre la masa, ni quejas por una legislación mercantil de mal encaje con las estructuras deportivas. A los aficionados, alejados del poder de los clubes y con la única misión de sostener el negocio con su dinero, sólo les queda quejarse. Visto el panorama, parece francamente difícil que la mayoría de clubes puedan cumplir no ya con los requisitos que exigirá el Fair Play Financiero de la UEFA, sino con las propias medidas de ajuste a esa normativa pactadas no hace mucho por la propia LFP.
Gestión económicamente ordenada del negocio del fútbol, he ahí lo que por estas latitudes casi parece un oxímoron. Obviando el interesante pero poco exitoso (de momento) experimento de la MLS estadounidense, a día de hoy sólo Alemania parece haber sido capaz de aunar una gestión económica eficaz con una competitividad deportiva del máximo nivel. Tras un proceso de regeneración, más que de reconversión, la Bundesliga ha visto crecer sus ingresos un 3% anual pese a la crisis hasta ingresar 1.770 millones de euros la temporada 2009/2010 (ya sólo está por detrás de la Premier League en este aspecto), y a partir de la próxima campaña tendrá 3 representantes fijos en la fase de grupos de la Champions League (más un cuarto que disputará el play-off), al haber arrebatado a Italia el tercer lugar en el ranking UEFA por las actuaciones de sus clubes en las competiciones europeas.
Según datos facilitados por la propia Liga alemana, en esa temporada 2009/2010 los gastos conjuntos superaron a los ingresos en unos 80 millones de euros, pero atribuyen gran parte de esas pérdidas operativas a sólo 3 clubes y fundamentalmente por las obras de remodelación de sus estadios, por lo que en su último informe anual los dirigentes de la Bundesliga esperaban que los números agregados volvieran a ser positivos esta temporada recién finalizada o, a más tardar, en la que acaba de comenzar. Los ingresos se distribuyen de manera razonable: derechos de televisión, publicidad e ingresos por día de partido suman casi el 80%, sin que ningún concepto destaque sobre el resto (televisión 29%, publicidad 29%, día de partido 21%). Es destacable el hecho de que el precio medio de una entrada para un partido de Bundesliga se situó en 2010 en poco más de 20 euros, lo que permite que los clubes llenen sus estadios sin necesidad de contar con un alto número de abonados (de media sólo el 55% de los espectadores que acuden al campo compran un abono). De hecho los clubes limitan su número de abonados, ya que deben garantizar un 10% de entradas para los aficionados rivales (a los que además la entrada les sirve como billete de tren para su desplazamiento) y prefieren dar más oportunidades de ver encuentros a sus propios fans no abonados para no convertir los estadios en cotos privados. La medida es efectiva: la alemana es la liga europea con mayor tasa de asistencia, con una media de 41.800 espectadores por encuentro (7.500 más que en Inglaterra o 14.000 más que en España). En total, más de 13 millones de espectadores acudieron a los estadios germanos durante la campaña 2010/2011. La parte negativa es que esa espectacular cifra no se traduce en unos ingresos igual de espectaculares por taquillaje, pero sin duda ayuda a crear un ambiente que acaba atrayendo a los patrocinadores.
El gasto en salarios se sitúa en torno al 42% de los ingresos de los clubes, muy por debajo de los porcentajes del 60, 70 o incluso más que se dan en muchos clubes ingleses y españoles (en su proyecto de Fair Play Financiero la UEFA fija como límite un ratio del 70%, cifra que hoy superan la mitad de los equipos de la Liga BBVA según un estudio publicado por el recomendable blog “Vendovos Mareo” el pasado mes de mayo). Además, el ratio de equidad (que mide la cantidad de activos financiados con fondos propios) lleva años instalado en un más que razonable 35% de media, pese al aumento de la deuda global hasta los 644 millones de euros, y sólo el Schalke 04 puede decir que está en una situación financieramente delicada. Con números lógicamente más discretos, la Bundesliga 2 presenta algunas dificultades (pese a obtener algo más 300 millones de ingresos anuales se generaron 25 de pérdidas globales en la temporada 2009/2010, con 12 de los 18 equipos cerrando el ejercicio en números rojos y acumulando pasivos por valor de 130 millones) pero sus ratios operativos globales son muy similares a los de Primera, aunque las diferencias entre clubes son mayores.
Parece por tanto que en Alemania han conseguido la fórmula mágica (o algo que se le asemeja), pero ¿cómo han llegado a esta situación? Siempre que se habla del éxito de la Bundesliga se suele destacar una particularidad en la estructura societaria de sus clubes: la norma del 50+1, introducida en 1999 para adecuar las fórmulas tradicionales de organización a la realidad del fútbol como negocio. Por entonces casi todos los clubes eran entidades sin ánimo de lucro (como en España antes de la creación de las SAD) y de naturaleza polideportiva, pero el crecimiento económico del fútbol era exponencial y generaba ciertas tensiones e incoherencias. Entonces Alemania permitió a sus equipos que separaran la sección de fútbol del resto del club para dotarla de independencia jurídica, financiera e impositiva, con una condición: que el antiguo club (que permanecía estructurado como tal, con la figura tradicional del socio como elemento característico) mantuviera la propiedad de al menos el 50% más una de las acciones de esa nueva sociedad estrictamente futbolística.
La mayoría de los clubes con equipo de fútbol profesional se acogieron a esta figura; otros prefirieron mantenerse “unificados” (y completamente en manos de sus socios), y sólo se permitieron dos excepciones: las de Leverkusen y Wolfsburgo, propiedad de Bayer y Volkswagen respectivamente, dos empresas cuya colaboración con ambos equipos se remontaba a más de dos décadas atrás (ese fue el límite establecido para aprobar la excepción) y de las que nadie temía una espantada o una gestión deficiente del club. Es decir, que en Alemania los equipos profesionales de fútbol siguen en manos de sus socios tradicionales, y los inversores externos sólo pueden acceder como máximo al 49% del accionariado hasta que no demuestren una fidelidad a los colores de más de 20 años. Obviamente, la regla del 50+1 limita las capacidades de financiación de los clubes (sobre todo si los comparamos con la megaélite europea), pero también impide los desmanes que todos conocemos: la afición controla las decisiones de mayor calado, pone y quita a sus administradores y vela por la supervivencia económica de su amado club.
Sin embargo, esa norma no explica por sí sola la situación actual de la liga alemana. El fin del siglo XX trajo el boom de la televisión digital en toda Europa, y Alemania no fue ajena al fenómeno. El recién instaurado 50+1 no impidió que en el año 2000 los clubes se dejaran deslumbrar por las astronómicas cantidades de dinero (más de 1.500 millones de euros por 4 temporadas) que el conglomerado mediático Kirch-Media ofreció para hacerse en exclusiva con la totalidad de los derechos televisivos de la competición germana. La empresa pensaba emitir los partidos en diversas plataformas digitales, unos canales que no alcanzaron las cifras esperadas de abonados porque el público alemán estaba acostumbrado a disfrutar de una gran oferta de canales en abierto y no consideró suficientemente atractivo el fútbol de pago. Los números no salían y en abril de 2002 la liga se topaba con la desagradable sorpresa de la quiebra del grupo fundado por Leo Kirch. La bancarrota de la empresa no se debió al fútbol, ya que invirtió mucho más dinero en cine y otros productos que resultaron igualmente ruinosos, pero el agujero que dejó en la Bundesliga fue de unos 900 millones de euros y todos los clubes tuvieron que someterse a importantes ajustes presupuestarios. En esa época la LFP miraba hacia otro lado y aseguraba que en España eso no pasaría. En declaraciones publicadas por el diario El País el 14 de abril de 2002, Pedro Tomás, el entonces presidente de la Liga, afirmaba que “Es verdad que los clubes aprovecharon la guerra digital para hacer buenos contratos, pero el dinero no se ha dilapidado: la prueba es que nuestros equipos son punteros en Europa. La alarma se disparará cuando los jugadores no cobren o los bancos no financien, pero el Depor acaba de refinanciar su deuda de corto a largo plazo”. Nueve años después, parece que la alarma lleva algún tiempo sonando sin que hasta ahora nadie se haya preocupado demasiado.
Así que en realidad el detonante de este peculiar “milagro alemán” fue un recorte brutal de los ingresos esperados. De los grandes, quien peor lo pasó fue el Borussia Dortmund. Impulsado por sus buenas actuaciones europeas a finales de los 90, el club salió a bolsa en el año 2000 y continuó invirtiendo grandes sumas en jugadores incluso tras la quiebra de Kirch-Media; sin embargo, el equipo no logró entrar en Champions y todos los planes se vinieron abajo. El club entró en una espiral negativa tanto en el césped como en el parqué (sus acciones llegaron a perder hasta un 80% de su valor con respecto a su precio inicial del año 2000) que estuvo a punto de hacerlo desaparecer en 2005. Ver las orejas al lobo ayudó a que la gestión de la Bundesliga se racionalizara un poco más. Y ahí sí, la novedosa fórmula societaria del 50+1 impidió que inversores sin escrúpulos se aprovecharan de la necesidad de los clubes para hacer su agosto y terminar de hundirlos.
Para evitar futuros sustos, se tomaron varias medidas destinadas a evitar la dependencia de los ingresos por televisión, y para ello ayudó mucho la organización del Mundial 2006: entre remodelaciones y nuevas construcciones se invirtieron cerca de 2.000 millones de euros en estadios, convirtiéndolos en espacios de ocio para toda la familia de los que obtener importantes recursos (también con el naming, opción muy extendida en Alemania). Ante un panorama televisivo aún dominado por canales de emisión en abierto, los derechos de emisión de la Bundesliga no son tan altos como en otras ligas (unos 400 millones de euros anuales, frente a los más de 700 obtenidos por la Premier League), aunque sí están bien repartidos entre los clubes (en base a sus clasificaciones ligueras de los 4 últimos años), y lo que se ha hecho ha sido explorar nuevas vías de ingresos derivados del marketing hasta configurar el actual mix que citaba anteriormente, el más equilibrado del continente.
En plena época de apreturas, se potenció la inversión en las academias de los clubes al objeto de limitar las inversiones futuras en jugadores consolidados y fortalecer a la selección nacional, objetivos que parecen haberse logrado. En esos años oscuros se bajaron sueldos, se fueron muchas figuras y los equipos alemanes dejaron de ser ogros a nivel europeo, pero el trabajo con la base ha permitido su resurgimiento. También fueron vitales las medidas de control financiero acordadas por los propios clubes: antes del final de cada temporada, la DFL, entidad que dirige la Bundesliga 1 y 2 y la Tercera División, todas ellas ligas de sólo 18 equipos, estudia las previsiones económicas de cada club de cara al siguiente ejercicio (previsiones que tienen en cuenta, por ejemplo, si el club está en condiciones o no de poder obtener ingresos procedentes de competiciones europeas, viendo su desempeño liguero hasta ese momento), así como otra serie de criterios legales, administrativos y deportivos, y decide si le concede o no licencia para disputar esa siguiente temporada. Básicamente, la DFL estudia la viabilidad del club para los próximos doce meses. Si alguien tiene problemas, más le vale presentar un plan de choque que garantice su futuro, porque dejar de pagar no es una opción.
En último término, nadie puede evitar que algunas entidades se dejen arrastrar por el lado oscuro. El Schalke 04 presenta unos niveles de deuda que rivalizan sin rubor con los grandes de Europa y un patrimonio neto negativo, y sólo un imaginativo uso como fuente de financiación de las sociedades que conforman el grupo Schalke (ajenas a la supervisión de la liga) impiden que la Bundesliga le revoque la licencia. A principios de este mes, el presidente de la DFL manifestó su temor por el hecho de que ciertos clubes estén acometiendo inversiones más arriesgadas de lo habitual en busca de mejores resultados deportivos, especialmente en la Bundesliga 2, categoría de la que nadie quiere caerse para no quedarse sin ingresos. No todos lo logran: esta pasada temporada, para evitar su quiebra, el Arminia Bielefeld tuvo que recurrir a una especie de fondo de rescate creado por la DFL para estas contingencias, pero para recibir prestado ese salvavidas de un millón de euros tuvo que aceptar una penalización de 3 puntos que acabaron siendo claves para su descenso a Tercera. Este año se le ha permitido competir en esa categoría, pero debido a su plan de reestructuración cuenta con una plantilla extremadamente joven (y barata) que tendrá problemas para lograr la permanencia. Un nuevo descenso llevaría al equipo a las ligas regionales, donde el dinero escasea de verdad y los impagos a jugadores son más frecuentes. Porque en Alemania el fútbol tampoco da para todo.
Pero obviando esas excepciones, que están haciendo que la DFL se plantee endurecer las condiciones para la concesión de licencias, al final todo se reduce a una cuestión de lógica empresarial: no gastar más de lo que se tiene (o de lo que muy razonablemente se considera que se tendrá). Si además se invierte con cabeza tenemos que, pese a la superioridad económica del Bayern Munich sobre el resto de clubes, desde ese fatídico 2002 han conquistado la liga equipos como Werder Bremen, Stuttgart, Wolfsburgo o un Borussia Dortmund que ha logrado salir del pozo con una apuesta por la cantera y la detección temprana del talento. En el mismo periodo, en España sólo el Valencia ha roto con la hegemonía de Real Madrid y Barcelona, y aún está pagando la osadía.
Pero, sobre todo, la transformación de la Bundesliga en un modelo exitoso se basa en un elemento casi cultural: en Alemania el fútbol es entendido como un entretenimiento para el aficionado, y lo que se vende es la experiencia de disfrutar de un espectáculo deportivo en el que prima la competitividad sana por encima de todo lo demás. Gracias a esa orientación al cliente (motivada quizás porque son los propios clientes quienes controlan los clubes), para la Bundesliga el aficionado no es un simple consumidor al que exprimir, sino un elemento vital a quien hay que ofrecer el mejor producto posible en las mejores condiciones para él. Y la única forma de hacerlo de una manera sostenible es trabajando duramente para que al fútbol profesional no se le vean las costuras. Tan fácil y tan complicado a la vez.
Comentarios
3 Comentarios
Mostrando todos los 3 comentarios#3 - 2011-08-22T15:30:32Z
Gracias a todos por comentar y difundir el artículo. Dos datos que no están correctos: la Bundesliga ingresa unos 500 millones de euros por TV's y otros derechos de emisión (radios, etc), no 400; y la Premier ingresa cerca de 1.000 millones, no 700. Se me quedaron cortos los números.
Sobre lo que comenta Ricardo, es cierto que muchos de los problemas actuales de la LFP vienen por esa decisión de repescar a Celta y Sevilla, pero hoy por hoy sí se está aplicando la legislación. El problema es que en los casos de concurso, que son los más llamativos, es difícil que un juez autorice un descenso administrativo por dos motivos: primero porque las nóminas adeudadas pasan a formar parte de la masa concursada y por tanto toda acción emprendida por los jugadores como acreedores del club para reclamar esa deuda queda paralizada (y eso implica, creo, que los descensos por impago no se pueden ejecutar); y segundo porque el descenso dictado por una autoridad deportiva pone en riesgo la continuidad del club (objetivo último del concurso), ya que supone un descenso de ingresos, y por tanto los administradores concursales siempre reclaman al juez que lo deje sin efecto.
#2 - 2011-08-21T12:00:09Z
Estando de acuerdo con el fondo del texto que da inicio a este debate, de hecho yo tengo planeado un libro comparando los modelos alemán y español, creo que la situación en nuestro país mejoraría si nos limitáramos a aplicar nuestra legislación. Si en su momento el Celta y el Sevilla hubieran descendido estoy convencido de que la situación actual sería mejor. España no tiene capacidad económica ni deportiva para una Primera División de 20 equipos y todo lo que eso conlleva.
También quiero comentar que la postura actual de los jugadores no me parece correcta, y les propondría que ellos también crearan un fondo de garantía para sus asociados.
#1 - 2011-08-21T07:58:33Z
Es que Alemania es un ejemplo de organizacion con decirte que para el Mundial 2006 se pusieron como objetivo que para Junio 2005 todo funcionase ya a la perfección te lo digo todo. De hecho en 2005 se podia ya comprar todo todo todo de merchandising sobre el Mundial